October 20th, 2011
Cuando llueve comparto mi paraguas, si no tengo paraguas, comparto la lluvia.
Enrique Ernesto Febbraro
October 3rd, 2011

(Source: hottubblues, via owlady)

July 5th, 2011

La Lluvia

La lluvia cae

empapando todo lo que

encuentra a su paso,

gota tras gota

rebotando en el asfalto.

Acallando silencios

y capturando atenciones

como si el tiempo no pasara.

Gota a gota

transforma en eterno cada momento…

Ese momento…

Juan corrió tras el taxi media cuadra, pero el chofer pareció no haberlo visto porque siguió viaje. Frustrado  y tapándose con su maletín sobre la cabeza, se dio vuelta y volvió para buscar otro taxi entre la multitud de autos que pasaban. Se había olvidado el paraguas y llegaba tarde. El mal humor iba in-crescendo hasta que explotó: Parado en la calle decidido a parar al primer vehículo amarillo que apareciera, se vio empapado por una camioneta que pasó a su lado, sin preocuparse en esquivar los charcos formados en el asfalto.

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Nakiko se sonó la nariz, respiró hondo y pestañeó dos o tres veces hasta que cayeron las últimas lágrimas que habitaban sus ojos. Se encontraba sentada sobre la tapa del inodoro; unos cuantos metros de tul y tela blanca, pertenecientes a su vestido de novia, acariciaban sin vergüenza los viejos azulejos del cubículo sin puerta. El maquillaje corrido recordaba nostálgico aquellas buenas épocas en las que había sido perfecto.

Ella volvió a respirar hondo, se agarró el vestido para no pisárselo y se paró sobre el inodoro para llegar a la ventana que estaba a su izquierda. Y allí se quedó con la mirada perdida vagando por los edificios de la ciudad hasta que el celular le avisó que él la llamaba.

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Leila entró al ascensor, el cual tenía las puertas que se abrían en forma de tijera, lo cual delataba la edad del edificio. La luz de la bobilla redonda que colgaba del centro del techo bañaba el ambiente de un amarillo sepia. Dos minutos después de que ella apretara el botón correspondiente al 4º piso, se cortó la luz. Otros dos minutos pasaron hasta que el edificio entero escuchó un grito desgarrador que provenía del ascensor que se había quedado detenido entre el 3º y el 4º piso. Incluso Ahmed pudo llegar a ver la mano de Leila aferrada a la reja, lo que no supo era que ella había roto bolsa y el trabajo de parto ya había comenzado.

La lluvia cae

gota tras gota

sumergiéndose en el asfalto,

empapando al mundo

de momentos que, a veces, parecen congelarse en el tiempo

y perdurar para siempre… o sólo unos segundos…

Gota a gota,

historia a historia

en un solo momento

en un solo mundo.

05/07/11
by Sabrina Sor